-¿Como es eso que “técnicamente”
no tienes toda la plata? -
Estoy haciendo los trámites para
ver si me puedo conseguir todo, por ahora solo me prestan 230 mil, ¿igual no
está mal cierto?-
-¿Quiénes? ¿Quién te presta?-
-Unos amigos, no los conoces. Espérame
fuera de la funeraria, voy a intentar terminar el trámite lo más rápido
posible.-
-¿Cuanto te demoras?-
-No se, cualquier cosa que pase
yo te llamo, tengo que apagar el celular ahora.-
Frío en el camino, frío en la
espera. El cementerio está cerrado así que tengo
que caminar un par de cuadras
extra para bordearlo. Me quedo a una cuadra de la
funeraria y comienzo la cuenta regresiva de cigarros. Recuerdo haber leído en
alguna parte que si vas narrando distintos episodios de tu vida mientras fumas
un cigarro tras otro, al llegar al 44 la tendrías descrita en esencia o al
menos lo que te importaría que se supiera de ella. Yo tengo 10 puchos para contar el rápido proceso de
extinción que esta noche nos caerá encima. Aguanto en la esquina hasta que los
dedos se sienten ajenos, miro la cajetilla arrugada y solo me quedan tres
Belmont. Son las 12:30, ya no es saludable esperar bajo la tenue luz de los
postes, ni por el frío, ni por cualquier tipo de amenaza escondida allí en la “hierba alta”. Lechuga no aparece por ninguna parte.
Comprendo entonces que existe un
riesgo que no estoy considerando. Al no habernos presentado todavía, puede que
crean que efectivamente nos acobardamos o que vamos a llegar montados en un
carro de fuerzas especiales y vamos a hacer una redada. Tengo que entrar, hacer
acto de presencia y si es posible que Don Pablo me vea mezclado entre la gente como
gesto de confianza.
LECHUGA VOY A ENTRAR. SI LEES ESTE MNSAJE MUEVE EL CULO LO
MAS RAPIDOQUE PUEDAS –YO
Enviado HOY, 12:36 am
Guardo el celular antes de
acercarme a la puerta, para buena fortuna el matón me reconoce y me deja entrar
sin ningún tipo de problemas más que su permanente mirada empelotante. El
espectáculo dentro de la funeraria es el mismo, ahora que tengo mayor libertad
puedo pasearme por el lugar. Las personas se agolpan sobre las mesas como
buitres comiendo carroña; gritan, aletean, celebran y palmotean en los hombros
a los jugadores. Hay jugadores de todo tipo, algunos se ven viejos y mal
agestados, mientras que otros caen en el estereotipo del estudiante
universitario con buen status. A pesar de la diferencia hay algo que los une,
todos tienen ese “brillo decadente” en los ojos, eso que solo desarrollas
cuando reconoces que no te puedes alejar por mucho del juego, y te enorgulleces
de aquello. Al otro lado del local se escucha un alboroto, parece haber
terminado uno de los duelos y el público está en pleno proceso de
gratificación. Rodeo un par de mesas para ver más de cerca, el ganador, un
flaco afeminado con un mechón de pelo decolorado que le cubre un ojo, está
recogiendo con toda la amplitud de sus brazos, una cantidad incalculable de
billetes puestos sobre la mesa.
Es real. La mierda es real. Algo
se revuelve dentro de mí. No es asco, no es alegría. Esperé por mucho tiempo
que todo fuera mentira, para que los delirios de persecución también lo fueran,
pero ahora, con esta confirmación me siento un peldaño más cerca del fondo. Veo
la hora en el celular, me doy cuenta que Lechuga respondió a mi mensaje.
Espérame afuera, si entras mantente lo más lejos posible de
Don Pablo. Voy en camino.
Enviado HOY, 12:50 am
Cambio de planes entonces, me acerco
al bar y pido una cerveza, la necesito como método de camuflaje. Me pasan una Escudo de litro con el borde gastado.
Camino para buscar un lugar poco visible en donde sentarme, me quedo en el
rincón más oscuro que encuentro; los sillones cercanos a la pila de ataúdes. De
donde estoy puedo ver como funciona el negocio, al menos la parte destinada a
entretener a los que quieren mantenerse lejos de las mesas por un rato. Veo
varias mujeres con poca ropa si consideramos el frío rompebolas de afuera, la
mayoría atiende a huevones maduros, algunas se ven bien conservadas, otras no
tanto. Me llama la atención la mujer que atiende la mesa del frente, cada vez
que pasa cerca se deja manosear por tres tipos que le están dando de baja a una
botella de ron barato, actúa como si fuese algo natural y solo tiende a
golpearles las manos cuando se sobrepasan, agarrones a los que accede con una
sonrisa si le dejan un billete enrollado en el borde del calzón. Me quedo
mirando por unos minutos. No entiendo como de un segundo a otro, sin siquiera
alcanzar a tomar otro trago de cerveza, tengo encima a una morena de poto
enorme y blando; se sienta en mis piernas y me habla cantadito.
-Papito, ¿Por qué está tomando
tan solo? ¿Me compras un trago pa
acompañarte?- Por el acoplado y por el acento debe ser colombiana. Me quedaría
a conversar para no llamar la atención pero en este caso lo que menos necesito
es una distracción carnosa.
-No gracias, otro día será…- Me
levanto y camino rápido en dirección contraria, dejando mi botella de cerveza
casi llena abandonada junto al sillón, supongo que si le invité un trago
después de todo. Sigo hacia el otro lado del galpón en línea recta, camino
hasta que el acto de reconocerme en la mirada de otra persona me detiene en
seco. Trago saliva. Tengo miedo pero tengo que aguantar.
-¿Maximiliano cierto? ¡Como estás
hombre!– Me abraza fuerte, como si me conociera de toda la vida. No puedo
evitar sentir cierta cuota de sadismo camuflado de su parte.
-Don Pablo, muy bien gracias
¿usted como está?- Vestido con chapulinas,
jeans rasgados y una chaqueta de cuero a la cintura, está mi nuevo jefe,
sonriéndome como si fuera el diablo vendiendo seguros de vida; los dos pelaos de ropa ancha que lo acompañan
contrastan con su alegría, los dos me miran mal, desencajan sus mandíbulas para
intimidarme. Creo que les resulta.
-Mira lo movido que está hoy día ¿A
que hora llegaste?- Se pone a mi lado y me señala el galpón en toda su
extensión, es como Ricardo Montalbán mostrándome
orgulloso su Isla de la Fantasia, como
Mufasa mostrando su reino.
–Hace poco, unos 20 minutos
a lo más. – Le sonrío e intento no parecer nervioso, caminamos un poco por el
lugar, sus palabras sobre el clima y
otras cosas que no importan se pierden en el ambiente, no es hasta que
muestra sus verdaderas intensiones que mis alarmas se activan.
-¿Por que no vamos a mi oficina
para hablar mejor? Tengo que conocer bien a mis chiquillos. Cheo, pide una botella de Whisky y que
la lleven adentro.- Uno de los flaites se
retira, mientras el otro nos escolta de camino al despacho de Don Pablo.
Esperamos. Me habla de su negocio
de camiones, de las cargas internacionales, de sus sucursales en Asunción y
otras partes del Conosur, mientras parlotea extrae una bolsa pequeña del
bolsillo de la chaqueta, tiene un polvo blanco dentro, asumo que es coca. Sigue
conversando, abre el cajón de su escritorio, de ahí saca un porta retrato con
la foto de Maradona. Con una tarjeta de crédito deja tres líneas delgadas de
polvillo sobre el vidrio. De un solo golpe sorbe una de las líneas por la nariz
usando un billete enroscado. Me acerca
el cuadro mientras se soba la nariz.
- ¿Un jale Pelao?-
- No gracias, estoy a dieta.-
- Mejor, son malos hábitos que no
se pueden olvidar.- Terminada la frase aspira con prisa otra de las líneas. –Cuéntame, ¿que haces por la vida? ¿Estudias?,
¿trabajas?, ¿estas casado?- El celular vibra en mi bolsillo, debe ser Lechuga
salvándome de tener que exponerme ante nuestro verdugo.
La puerta se abre, no es Lechuga.
Entra a la sala una niña cargando una bandeja, deja en la mesa la botella de Johnnie Walker y dos vasos cortos con
hielo. Cuando digo niña es por que efectivamente es niña. No debe tener más de
15 años y ahí está, inclinada, sirviéndonos un trago, mostrando sus tetas
puntudas de pezones rosados a través de un descuidado escote. Don Pablo no desperdicia
la inclinación, le cachetea el trasero y se larga a reír.
-A estas cochinas hay que
tratarlas mal, eso les gusta ¿cierto?- Ella responde con una sonrisa muy
animada. No entiendo nada, pero sonrío igual. Antes de retirarse, el jefe le
ofrece el último jale de coca, lo acepta encantada.
Don Pablo está a punto de reanudar
su interrogatorio cuando acompañado del matón ausente entra Lechuga. Él nunca ha
inspirado mucho respeto físicamente hablando, no es corpulento ni nada
parecido, pero en ese momento al verlo entrar decidido, sin ninguna gota de
nerviosismo como había estado en los últimos días, se veía como otra persona, como
si se hubiese repuesto de su flaqueza perpetua.
Me sonríe tranquilo y saluda al Jefe.
-Gonzalo, estaba aquí con tu
chiquillo hablando de la vida. Supongo que ya están listos para ir a jugar.-
Lechuga me mira de forma extraña, me parece que hace un gesto con sus cejas,
aunque no estoy seguro.
-Si, ahora iremos a mirar las
mesas para que debute.- Me levanto de la silla intentando parecer relajado,
Lechuga me está zafando de la incomoda situación, lo menos que quiero hacer es
tirar por la borda su salvavidas.
-Vayan, pásenlo bien y,
Maximiliano, no te vuelvas ciego con tanta plata.- Se larga a reír nuevamente.
Camino al lado de Lechuga sin demostrar emoción alguna, dos pasos antes de
salir de la oficina, la voz del “Padrino” nos cae como agua fría.
-Aprovechando que estás acá y que
no hemos tocado la botella de Whisky, ¿por que no juegas contra mí para probar?-
- No se preocupe Don Pablo, no
queremos quitarle más tiempo…- Lechuga
se adelanta, olfatea mi nerviosismo e intenta disolver la situación.
-¿No me vas a rechazar cierto? Quien
mejor que yo para ver si tienes la pasta que se necesita.- Miro a Lechuga,
entiendo que debo aceptar para no despertar sospechas. No lo pienso mucho y me
acerco al escritorio. El gesto le da confianza a Lechuga, quien se acerca y
agarra uno de los vasos con Whisky.
-Si, porque no.- Me siento nuevamente, saco el Deck de mi bolsillo. De solo tocar el
plástico protector de las cartas siento como una descarga de corriente me azota
la cabeza.
El Mewtwo, recuerdo el Mewtwo
falso.
-¿Sabían cabros que tengo sangre
italiana? Mis abuelos son Napolitanos, así como las empanadas. Por eso yo salí
así, alegre, trabajador, impulsivo y medio choro también.- Los guardaespaldas flaites sonríen. Lechuga parece intuir
algo, me pega un codazo disimulado, responde él para no aumentar los incómodos
segundos de silencio.
-No. No sabíamos.- Don Pablo
habla pero lo escucho a medias, le respondo, pero no logro identificar que le
digo, para mi son solo balbuceos mecánicos. Si descubren la carta falsa estamos
muertos.
-Como es la primera vez que
jugamos Maximiliano, te dejaré escoger. ¿Con que Deck quieres que juegue, el
nuevo o el antiguo?- Saca dos porta-mazo
metálicos, uno dorado y otro plateado.
-Creo que el antiguo estará
bien.- Saca las cartas, las mezcla. Hago lo mismo con las mías, repartimos y
sacamos la mano inicial. Comienza el juego, comienza la cuenta regresiva antes
de que salga la carta falsa, una bomba de tiempo que gracias al azar puede
explotar en cualquier momento.
Mi mano es totalmente funcional:
Dos energías, una poción, un Drowzee, un Doduo, un Eevee y lo más importante,
un Espeon. Dejo al pájaro de dos cabezas como Pokemon atacante. Don Pablo da vuelta sus
cartas, usa Pokemons Agua. Tiene un Snover como activo y un Finneon en
banca. Mi estratega inicial sería
aguantar los turnos para cargar el Eevee y darle duro con el Espeon, pero el
Snover me incomoda, si mal no recuerdo puede dormir, el duelo tiene que acabar
rápido y un “estado” volvería todo más lento.
Primer turno, Don Pablo saca
carta pero no carga ninguna energía. Es una buena señal.
-Es raro ver gente que todavía use cartas clásica, lo digo por tu Doduo ¿Estás seguro que tienes Pokemons Black and White?- Se lleva el whisky a la boca haciendo sonar los hielos del vaso ahora vacío.
- Malos hábitos que no se pueden
olvidar. Si tengo nuevos, no se
preocupe, ya saldrán.- Saco carta, es un Musharna. Cargo mi primera energía en
el Doduo. Lo ataco con “Peck”. A su Snover solo le quedan 40 puntos de
vida.
Es su turno, sigue sin cargar
energía, en cambio hace evolucionar al pececillo que tenía en banca,
convirtiéndolo en un Lumineon. Nunca había visto uno, el diseño es simple pero
bien bonito. No es como que importe mucho pero era digno de notar.
-Tu turno chiquillo, parece que
hoy no tengo suerte con las cartas.- Termina nuevamente sin atacar. Mi
estrategia se diseña sola, terminar con su básico y ya con una banca más
nutrida dedicarme al Lumineon lo más rápido posible. Saco un naipe para comenzar el turno.
Es él.
El karma se presenta a violar mi
psique, se encarga de destrozar mis nervios, en tan solo dos turnos ya tengo el
Mewtwo falso en mano. Comienzo a sudar frío. Milesimas de segundos después
siento un apretón fuerte en mi hombro. Es Lechuga quien debe hacer notado la
artimaña. Lo miro con cara de culpa, esta vez no me parece tan repuesto, está
pálido, con la mirada ida.
Cargo el Doduo con una energía e
intento utilizar “Double Headstrike”, tengo que tirar dos monedas, de salir
cara las dos, estará muerto su Snover. Si la suerte fue tan maricona como para
exponer el Mewtwo tan rápido, que al menos devuelva la mano con las monedas.
Lanzo una. Cara. Don Pablo interrumpe –Este chiquillo tiene ángel, le esta
yendo bien. Tienes que repetir lo mismo en las mesas y nos vamos a llenar de
plata.- Carcajea luego, podría apostar que se ríe de la contradicción que
significa colgarme un letrero de buena suerte al cogote en medio de esta situación. Tiro la segunda
moneda. Cara. Mi Doduo ataca con 50, su primer Pokemon está muerto. Intento disimular la alegría, sonrio a pesar
que se sintió como haber ganado un campeonato completo.
Sube el Lumineon, no baja más cartas. Eso significa que si
logro colarle 80 puntos de daño este mal sueño se habrá acabado. -Ya campeón,
no tengo más básicos, no tengo mucho que hacer…- No alcanza a terminar la
frase, cuando se inclina sobre la carta para leerla mejor. –Mira, había
olvidado que tiene un poder Pokemon. “Fin Luster”. Dice que una vez por turno
puedo mirar tu mano, escoger un básico y ponerlo en tu banca….-
Sigue hablando después de eso, la
audición volvió a fallar después de mencionar que podría mirar las cartas que
tengo en la mano. Se reanuda al escuchar un gemido de Lechuga, quien suelta mi
hombro para ponerse a caminar por el despacho. Don Pablo lo mira extrañado,
antes que pueda sacar algún tipo de conclusión extiendo mis cartas para que las
pueda ver.
Lo nota de inmediato, un Mewtwo
EX es demasiado importante como para volverse invisible. – Mira tú si después
de todo eras pelig…- Lo sujeta. Toca el plástico con sus dedos, separando la
impresión de la carta original. Cierro los ojos para no chocar con su mirada de
odio.
-Usando cartas falsas cabro
maricón.- Alza la voz, los dos pelaos gangsta
se activan de inmediato, uno se acerca a Lechuga el otro se pone junto a Don
Pablo, no sin empujarme mientras pasa a mi lado.
-Creen que yo soy tonto, creen
que no iba a darme cuenta de algo así. A mi me gustan las cosas derechas, no me
gusta que la gente quiera jugar conmigo como si fuéramos todos pendejos. –
Sigue alzando la voz, sus palabras me caen como ladrillos encima. Me levanto de
la silla lentamente, intento pedir disculpas pero la voz me abandona.
-No, Don Pablo esto es una
equivocación.- Lechuga intenta tomar el control de la situación. - Cállate tú. La plata, muéstrame la plata, ¿o
el falsa también?-
-Traje la mitad! Mira, aquí
está.-
-¿¡Y que te creís longi culiao!?- Uno de los flaites se mete, esta gesticulando
con ambas manos para parecer más amenazante. Les juro que si le resulta.
-¡Cállate Cheo! La mitad, ¿ustedes
me quieren hacer gueón? Si me estas
engañando a mi, ¿que queda pal resto?
Me quieren robar, eso es. Me quieren cagar, ¿cierto?- Las cosas se ponen mucho
más tensas. Intento buscar una solución dentro de mis probabilidades.
-Mire, Don Pablo, “Jefe”, no se
como llegó esa impresión a mi Deck,
si usted nos lo permite podemos ir a buscar el resto de la plata que “Gonzalo”
dejó afuera.-
El Cheo se desespera. Nos mira a todos, se siente preso de la
situación, impotente por no poder expresar su “choreza” como es debido. –Nadie
se ríe de Don Pablo, ¿me escucharon gusanos
culiaos?- De entre medio de su ropaje excedido en tallas, el rapado saca
una pistola. Se ve real. Nos apunta.
-¿Esa guea es un revolver? ¿Es de
verdad?- Extiendo mis manos, como si eso pudiese parar un balazo. Lechuga se
interpone entre el cañón y yo, le habla a Don Pablo.
-Tranquilo Don Pablo, no queremos
que esto pase a mayores, no es necesario romper la seriedad que habíamos
acordado.-
- ¿Ahora resulta que tu me estás
amenazando a mi? Linda la cosa. Para que te enteres, yo soy quien tiene la voz
de mando en esta zona.-
- Gueón, Lechuga, ¿es de verdad?
¿La pistola es de verdad?- Por un rato pensé que podía ser parte del control
mental de Mewtwo, pero no, es real, y todo se esta yendo a la mierda. Lechuga
se acerca al Cheo quien está agarrando el revolver tembloroso. Extiende su mano
para intentar tranquilizar al tirador improvisado.
-Tranquilo hermanito, no es necesario…-
-No me digas que me calme, y no me
toques conchetumadre, no me toques.
Vas a aprender a no meterte con nosotros.- Lechuga retrocede un par de pasos,
quedando a mi lado, como anticipando lo que vendría.
El “Click” del gatillo sonó en mi
cabeza más fuerte que el estruendo que vendría segundos después.
-¡CONCHATUPICO!-


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