Se cumplieron los cuatro días
desde que visitamos a Don Pablo. Nos hemos gastado las suelas re-visitando conocidos
y ex amigos sin tener ningún resultado cierto. Ayer Lechuga me despertó
temprano, me contaba por celular que está intentando vender su Nintendo 64 y todos los juegos, menos el
Pokémon Snap por que es una mierda. Nadie
parece responderle pero está optimista. Hoy anda perdido, no ha dado señales de
vida. Queda poco para poner a prueba la mentira frente a Tamara, queda poco
para poner a prueba el pellejo de forma definitiva. En estos dos días he ido
decayendo, el sueño se arrancó de mi control. No se me disuelve de la cabeza lo
que podría llegar a pasar, ¿existirá un supuesto castigo o solo es la contagiosa
paranoia del Lechuga? Anoche pasé a buscar a la Tamara al local, el último
cliente en ser atendido era un pelao, me miró por mucho rato, miró demasiado a
la Tamara cuando le entregó su pedido para llevar. ¿Habrá sido uno de ellos?
¿Me estarán siguiendo?
Llamé a Lechuga de nuevo, pero
sigue sin contestar, estoy empezando a creer que algo pudo pasarle. Estamos a
horas de volver a la funeraria, necesito que alguien me diga que las cosas van
bien, estuve revisando una y otra vez el deck
con el que me presentaré hoy y cada vez le veo nuevos puntos débiles por
explotar. El problema más grande es no tener un tanque, un Pokemon brutal, con harto HP y que pegue bien fuerte…
pero no alcanzó la plata para más.
-¿Por que sigues mirando las
mismas cartas?-
-Por nada... Me gustaría
conseguir mejores Pokemons.-
-Pero habla con el Lechuga, él
sabe de esas cosas, te puede conseguir más monos.-
-Si, hoy lo veré, supongo.-
Tamara se levanta de la mesa, ya terminó de desayunar, carga un par de cosas en
su cartera, se da vueltas por la pieza, desaparece un rato mientras intento
tragar un poco de pan. Vuelve con los dientes cepillados, maquillada y lista
para partir a su trabajo. Me abraza, me pilla distraído.
-Que te vaya bien hoy en tu
primer día de trabajo, esfuérzate para que podamos vivir mejor, para que no
volvamos a pelear más por tonteras. Pásame a ver a la pizzería antes de que
entres, ¿ya?-
-Si. Yo voy.- Deja la puerta
junta, el frío se cuela y me crispa la espalda. Es el mejor método para
mantenerte pegado a la realidad, y en este rato la realidad me está pesando,
insiste en que, en el remoto caso de que Lechuga aparezca con plata, si no
tengo un buen mazo vamos a perder todo en las apuestas. Necesito agregar un
Pokemon, un EX si es posible, si bien
es un arma de doble filo, tendré algo con que defenderme de los mazos Black & White que me imagino van a
usar.
Este es un mensaje de Entel: Su llamada será notificada cuando la
persona a quien ha llamado se encuentre nuevamente disponible…
De camino al Mall Chino llamo 3 veces a Lechuga, su celular sigue apagado. Es
día de semana y los pendejos llegan más tarde, después de las clases, así que
tengo que esperar un par de horas en el frío. Doy un par de vueltas por el mall,
intenté meterle conversa a la comadre que vende huevás coreanas, pero habla demasiado y de cosas que no entiendo. A
las cuatro de la tarde empieza a llegar la primera oleada de cabros chicos.
-Estoy buscando un tanque, que tenga harto HP y que tenga ataques maricones.-
-¿De que tipo?- El primer intento
de compra es con un niño de octavo básico, va bien peinado, ordenado y su carpeta
de cartas tiene buenos Pokemons.
-Psíquico.-
-Psíquico.-
-Creo que no tengo nada. Déjame ver- Cruzo los dedos para evitar gastar
tiempo en una búsqueda que no había contemplado -No, no tengo nada. Pero se quien
te puede ayudar, busca al Camilo él tiene un Mewtwo EX, con eso en tu mazo quedai
choclo.-
-¿Quedo qué?-
El tal Camilo no llegaba. Según los datos que
fui recopilando es colorín, gordo, usa lentes, la camisa dentro del pantalón,
es malcriado y le gusta Megadeth. Mala combinación. Pasa una hora y las visitas
de Mall renuevan, salvo los que se quedan a recoger su porción mensual de vida
social fuera del local de cartas. Llamo a Lechuga otra vez. No contesta.
Este es un mensaje de Entel: Su llamada será notificada cuando la
persona a quien ha llamado se encuentre nuevamente disponible…
-¿Camilo cierto? – Resulta que después de los
cigarros gastados y el frío de la espera, el pequeño Mustaine se había quedado haciendo transacciones en una galería
cerca de metro Los Heroes en donde abrieron un nuevo local.
-Estoy buscando una carta, un Mewtwo cabrón que tiene buenos ataques y
creo que tiene “brillitos” Me dijeron
que eres el único que lo tiene por acá...- Intento bajar la importancia que
tiene la carta, como si fuera cualquier otra, necesito bajar el precio de lo
contrario estoy frito.
- El Mewtwo
Ex de la expansión “Next Destinies”,
ese que tiene 170 de HP y que con el Psydrive
se descarta una energía y quita 120. Si, lo tengo, es “Holo”.-
-Si, ese mismo...- Todo mal, sabe lo que tiene
y estoy seguro que va a subir el precio. Mi desinterés al final se volvió
ignorancia y la va a ocupar pa
cagarme.
-50 mil pesos.- Se acomoda el
cuello del vestón y me sonríe.
-Jejeje, buena. ¿Hablando en serio, en cuanto la vendes?-
-Eso cuesta, no la quería vender
por que me daba buena suerte, pero ahora quiero plata.-
-Estuve leyendo que se devaluó
por que ahora está incluida dentro de un Tin,
bajó mucho de precio, ahora todo el mundo la tiene.- Nueva estrategia, confundirlo
demostrando que no era tan tonto después de todo.
- Si pero aquí eso todavía no lo
pescan mucho, así que todavía sigue costando cincuenta mil.-
- Si gueón cincuenta lucas. Ni
cagando te pago eso, te doy 10, nada más.- Cambio de estrategia, si lo asusto
puede que suelte la carta. La gente alrededor nos mira raro, bajo la voz para
no levantar sospechas.
-No puedo, no te voy a regalar el
Mewtwo por que si, ni siquiera te conozco.-
Hagamos un trato, de verdad
necesito esa carta, por favor véndemela, no tengo tanta plata pero te puedo
dar 10 lucas y me puedo conseguir un
Nintendo 64 con veintitantos juegos, incluido el Pokemon Snap, es de los mejores juegos de Pokemon que salieron para
la consola. ¿Te tinca eh, Camilo? ¿Hangar
18? ¿Symphony of Destruction?-
Cambio de Estrategia, apelar al intercambio comercial.
-El Pokemon Snap es muy fácil y
malo, nadie quiere jugar a sacarle fotos a los Pokemons, además ya tengo una
64...-
-Mira cabro culiao, si no me pasas la carta algo malo te va a pasar, hablo en serio, te
voy a sacar la conchetumare a ti y a
tus seres queridos, ahora pásame el Mewtwo o te arremango el culo a patadas aquí
mismo.- Por un rato me pareció buena idea volver a usar el miedo, casi resultó.
Solo que los guardias de la galería no lo tomaron con humor. Hace frío, está
empezando a oscurecer, quedé un poco golpeado por el desalojo y no tengo
ninguna carta nueva que agregar.
Este es un mensaje de Entel: Su llamada será notificada cuando la …
Definitivamente algo le pasó a
Lechuga, los sicarios de Don Pablo lo deben haber arrinconado hoy en su
departamento, temprano, cuando todavía dormía, abrió la puerta somnoliento, ahí
fue cuando los pelaos tatuados se metieron a su casa. Después lo sentaron a la
fuerza en su sillón cojo y le preguntaron si el trato seguía en pie, preguntaron
si no se nos había ocurrido pasar casualmente por una comisaría, dijo que no
pero se puso nervioso, demostró debilidad, los pelaos no le creyeron, se
miraron entre si y le saltaron encima. Empezaron a golpearlo, Lechuga gritaba ¡Max!
¡Max!, pero no pude escucharlo por que estaba lejos y por que sus gritos se
empezaron a ahogar en su propia sangre, entonces los matones dijeron –Con Don
Pablo no se juega...- y lo aturdieron. Desmayado lo tumbaron boca abajo y con
un corvo le abrieron la espina a lo largo, partieron sus costillas y las dejaron
abiertas hacia fuera en forma de alas, Lechuga intentó gritar, pero se desmayo
de inmediato por el dolor de sentir como le extraían los pulmones. Cuando
vaciaron el saco de sal en la herida abierta Lechuga ya estaba entrando al
coma. Le hicieron el "águila de sangre" vikinga a mi amigo y yo no estaba ahí para
ayudarlo. Algo más o menos así debió pasar. En algún punto intermedio de todo
eso, le apagaron el celular y por eso no contesta.
De vuelta a la desesperación de
las cuatro paredes de adobe empastado. Son las 9 de la noche y ya tengo que
partir, tengo que pasar a despedirme de
la Tamara. Pase lo que pase, no quiero romper la ilusión de tranquilidad
que le dio mi supuesto trabajo. A pesar de que puede que esta sea la última vez
que la vea, no quiero parecer preocupado, no quiero que sospeche. Evalúo los pronósticos en el camino, ninguno
de ellos es bueno. La primera opción sería esconderme, no ir y esperar los
resultados. Pero el daño colateral es incierto, lo que menos quiero es que
involucren a Tamara. La segunda opción, poner el pecho a las balas, intentar jugar
y ganar. Pero sin plata y sin ese Mewtwo es imposible.
-Que te pasa Max, de la mañana
que estás raro, como ido.- El olor a pizza me causa nauseas. Todo me quiere
causar nauseas. -No es nada, solo estoy nervioso por el trabajo, es solo eso.-
-Te va a ir bien, eres una
persona capaz y cuando quieres puedes ser alguien esforzado. Ya, anda, no puedes
llegar tarde el primer día.- La abrazo fuerte, pero no tanto para que no se de
cuenta. Tampoco le doy un beso muy dramático, sino uno igual a los que uno da
cuando te acostumbras a la relación y ya no es necesario remarcarla cada minuto, a
cada gesto. Me vale tener el recuerdo o mi idea de despedida en la cabeza a el
show de tener que hacerla visible. Doy
un par de pasos fuera del local. Me detiene su voz.
-¿Es por las cartas cierto? Todavía
sigues pensando en las cartas que no puedes tener.-
-Si, Tamara es eso. -
-¿Y por que no haces lo mismo que
cuando eras chico? Imprimir una carta bajada de Internet y las pegas sobre una
original. Recuerdo que me contabas que así era la única forma de ganarle a tus
primos que tenían las cartas de ese gallo que fue campeón del mundo.- Las
emociones cambian y el beso de despedida fue más efusivo de lo planeado.
Con el hielo a tope en los
pulmones corro al cyber más cercano. Después de un par de intentos fallidos
para lograr el tamaño exacto, tengo una copia más que decente de un Mewtwo
Ex. No brilla, y tiene una marca de
agua de Pokebeach.com, pero dentro del plástico protector pasa casi
desapercibido.
De camino al metro hago mi último
intento por saber donde está Lechuga, el último salto de fé. Esta vez no
contesta la maraca robótica de Entel, el teléfono tiene tono, repica un
par de veces y finalmente, Lechuga contesta.
Antes de siquiera hablar su voz eufórica
me ataja.
-Gueón, ¡me conseguí la plata! Me
voy a demorar en llegar, pero ya tengo la plata.¡Tengo la plata! Anda. Juega. Gana. -
Corro, no se por que cresta corro, siento que voy rápido camino hacia la guillotina, pero voy feliz. Esperemos que Lechuga cumpla con su parte, siquiera esta vez.

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