23/01/2012

[Narratva] Tindalove



La probóscide se enrosca en los blancos muslos de la presa, los tensa para cortar la circulación y de esa manera exacerbar las sensaciones. Los gritos son automáticos, lamentablemente y para su desconocimiento, solo proporcionan mayor contracción, lo que hace que el siguiente paso del ritual se vuelva insoportable. Como un falo hambriento, el grueso apéndice entra en la carne, lentamente, entumeciendo y chorreando la piel de la efigie pervertida. En la desesperación entrecorta los lamentos con un rezo improvisado, conocimiento asimilado en uno de los numerosos llamados de auxilio, era tanto el dolor, era tanto el tormento, que fue capaz de caer en la fe con tal de encontrar un método que lograra detener el calvario. La violación se repite noche tras noche, puntualmente, desde aquel día. Desearía poder imaginar, al menos por fragmentos, que la humedad fuese excitación y no restos de sangre sorbida de su útero, pero las pulsaciones son tales que solo se entrega a la angustia, repitiendo mecánicamente su mantra de quejas que versa a favor del dolor; que este sea lo suficiente como para acabar con la sepsis y la vida maldita.

Los ataques habían aumentado en frecuencia y violencia. Pasando de cortes superficiales a grotescos asaltos que no respetaban lugar. Abusada hasta perder el conocimiento, tras los encuentros quedaba la pegajosa sensación de las escamas que la cubrieron durante la copulación y la rabia de haberlo dejado entrar en su vida, sin haber pensado ni anticipado nada de lo que estaba viviendo.

Antes de la polifagia sexual del cotidiano estuvo cercada por otras manías. Luego del primer encuentro, se sintió perseguida, observada, incomodada por una, hasta ese momento, presencia imaginaria. Podía reconocer el aroma ambiente del instante en que lo conoció, pero siempre prefirió asociarlo a su imaginación. Cuando la relación simbiótica empezó a manifestarse con mayor notoriedad, todo su entorno comenzó a derrumbarse, incluida la primera ilusión real y viva que hasta el momento crecía en su pecho. Aquello acabó en seco, fue abandonada sin mayores explicaciones por el que hasta ese momento había sido su fiel compañero y amante, quedando sola, sola en compañía de “aquello”. Con la oportunidad fallida de amar vino también el desencanto del ser. Y no del ser personal como se podría esperar, sino del externo, el que puede ser en tanto tierno como feroz, el único que puede regalar la sensación de pertenencia a la vida.  El carnaval de su cuerpo había sido desechado sin poder entender por que. El húmedo fuego de su entrepierna ya no era suficiente para nadie, atar con aquel veneno no tenia el mismo efecto ahora que prácticamente llevaba tatuado el antídoto en la frente, no sospechaba que aquella miel virginal seria el alimento del etéreo ser que se volvería su sombra.

Los días habían sido locos e impetuosos, impregnados del espíritu juvenil que crecía en la pareja. Celeste disfrutaba del poder de la libertad y de los caprichos carnales, jugueteando y ofreciendo como carnada su pureza infantil. Todo era parte de la maniobra, jamás seria capaz de engañar a su novio, todo era parte de un plan en el cual el morbo era el principal actor, los hombres incautos las victimas y los puños de su pareja el arma que permitía obtener suculentos trofeos. Fue en uno de los asaltos amparados por la sombra de la catedral de Santiago que decidieron profanarla, mas como un símbolo de poder que con fines monetarios. Bajo la escalinata, siendo auscultados por ángeles voyeuristas tallados en roca se besaron por última vez. La hora era la indicada, el cura estaría en los confesatorios, dejando la parte posterior de la iglesia casi desocupada, a merced de las manos de su compañero.

-Padre, he pecado. El morbo y la lujuria se han apoderado de mi cuerpo y pensamientos…- La voz del sacerdote Gazziero era calma y mesurada, el simpático acento con cual se expresaba le daba un extraño halo bonachón. No dudó en aconsejarla, creía de todo corazón que Celeste solo pasaba por un momento débil y el reforzar su credo la fortalecería y la alejaría del pecado.

-Guárdalo tú.- El trofeo era un pesado y grueso tomo. El libro tenia un cuidado acabado en la tapa, la cual parecía repujada en un material similar al cuero. Si bien, no era un buen botín en términos prácticos, el robo había sido lo suficientemente importante, lo suficientemente irrespetuoso como para reavivar el fuego interno. Según lo convenido entre los dos, ella se quedaría con el compendio. Aun no sabían si se lo quedarían o si lo reducirían en alguna librería de mala muerte.
La muerte de Gazziero tomó por sorpresa a Celeste, que no pudo evitar recordar el tono paternalista del italiano con quien había charlado hace tan solo 3 días atrás. Sentía nervios, sin saber por que, aun cuando desconocía que el motivo del degollamiento era un desesperado grito de socorro de un loco que vió como su tesoro ancestral ya no estaba bajo el sello de protección, mismos nervios que no le dejaron escuchar con claridad cuando la televisión mencionaba el nexo del crimen y extraños “cultistas”. No podía evitar pensar que el libro tenía relación con la tragedia. Necesitaba revisarlo con mayor atención y no solo observar los dibujos y las extrañas inscripciones para entender que era lo que realmente habían robado.  

Coge una página al azar, al azar como el caos en que se convertiría su vida. Rotulado bajo el vago nombre de “Tíndalos” el versículo es reproducido en la habitación, flotando en el aire transportado por la cristalina voz. El salmo la funde en el éxtasis, volviéndose la canalizadora de entendimientos ancestrales, de placeres ancestrales, de dolores ancestrales, de castigos ancestrales.
                                 
Debió ser su imaginación. Si, de seguro era su imaginación jugándole una mala pasada, pero estaba casi segura que podía ver ante si algo emergiendo, algo retorciéndose en el ángulo exacto de la habitación, fue tan impresionante, tan mágico, tan bello, que olvidó leer el conjuro para atar que estaba descrito, en la página siguiente…

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Cuento escrito para un concurso olvidado, basado en la inventiva de Lovecraft. Supongo que no fue lo suficientemente gótico e inefable.

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