El mítico Rob Halford hace algún tiempo expresó su apoyo a lo que Bring Me The Horizon estaba construyendo musicalmente, criticando lo fácil que es desprestigiar una banda sin tener fundamentos claros. Las explicaciones llovieron instantáneamente en Internet, lo que no retractó el soporte que Halford dió a “la banda que porta el estandarte del metal comercial en la actualidad” y que está “rompiendo los limites en la música”, para muchos esto fue una expresión extremista y apresurada de su parte. Por ende, cuando se confirmó la fecha del concierto que el quinteto inglés daría en nuestro país, muchos vimos la oportunidad de aplicar el método valorativo de mayor precisión de la suerte de inquisición musical del día a día; juzgar el potencial completo de una agrupación en una presentación en vivo y de esta manera apoyar o de plano escupir en el rostro, la chaqueta de cuero, las palabras y hasta en la moto del líder de Judas Priest.
Con un Teatro Caupolicán con muchísima menos gente de la esperada – no mas de 500 personas ocupaban la cancha del recinto- la jornada se entibia entre adolescentes que compiten tácitamente en ver quien lleva la polera Drop Dead con la paleta de colores de mayor fluorescencia. Este es un punto a destacar, la presencia juvenil en el lugar influyó de diferentes maneras en el desarrollo de la dinámica del concierto. Como se ha hecho costumbre en los últimos eventos, existe un pequeño retraso antes que inicie la música. Poco a poco avanzo entre las filas de fans para tener una mejor ubicación. A los minutos del habitual tira y afloja me alegro de notar a alguien en el público que también tuviese vello facial, la desolación llega de inmediato al reparar que una adolescente se acerca a mi contertulio y le entrega una prenda agregando un lapidante -Papá, cuídame el polerón-. Sintiendo que la vida se me acorta un par de meses, me interno un poco más hasta que SinKarma inicia su labor de soporte.
La banda ariqueña entrega un Nu Metal sincero y efectivo, refrescante en cierta medida dentro de los sonidos contemplados para la noche. Pasajes de su disco debut Rahez demuestran un trabajo constante que ha decantado en un sonido sólido y distintivo; la mezcla entre la melodicidad práctica y los elementos base del género. Solo hizo falta una entrega reciproca de parte del publico, los gritos de “¡Grande Arica!” y otras consignas a favor de la banda se perdieron entre tanto niño preocupado de la hora en que se mostrarían sus dioses adolescentes y de mantener el liso perfecto del pelo.
Minutos antes de que comenzara el show, mi ubicación se había vuelto preferencial. Desde primera fila podía contemplar al doble chileno de Oliver Sykes perfectamente disfrazado para la ocasión, mis vecinas se quejaban, nunca habían estado tan apretadas en su vida y el sudor de la gente les daba asco. Una de ellas, notoriamente afligida me conversa.
-Oye, por favor, déjame pasar adelante, en serio. Necesito estar mas cerca de Oli, sino, no se, me muero.-
-¿Sabias tu que cuando las jirafas nacen, caen varios metros y se golpean contra el piso? Una vez en el suelo las madres no las ayudan a levantarse por que deben desarrollar fuerza en sus patas y deben hacerlo rápido, por los depredadores que están esperando ese preciso momento para comérselas. – -¿Que? …. ¿Puedo pasar?-
-No. Si te dejo pasar te estaría haciendo un daño.- Sin entender mucho y en un acto de desesperación siento el impulso de la entusiasta chica estrellándose contra mi hombro. Pasa cinco minutos nadando infructuosamente contra la corriente, hasta que su empeño se congela. El show esta a punto de comenzar.

Con una falta evidente de cazuelas en el cuerpo, Sykes entra liderando al quinteto de Sheffield, inaugurando la noche con Diamonds Aren't Forever. Las primeras filas se tapizan de cámaras encendidas, registrando cada aliento, cada movimiento del frontman. Por un momento la conceptualización de “concierto” queda sublimada ante un arrollador paparazeo; la actividad se instaura en los cercanos, no veo headbang, no veo personas disfrutando la música, solo un mar de pequeñas pantallas leds condimentadas con platónicos chillidos.
Cuando Alligator Blood estrenaba sus primeros sonidos rompí filas y me largue de allí, a un lugar mejor para vivir el concierto como se debe, para poder obtener una visión real del show y no un enamoramiento sin capacidad de critica, como sucedía en el caso de los hipnotizados jóvenes pegados a la reja. Llegaba entonces el momento de poner oído a la capacidad vocal del favorito de las treceañeras del público. Las reglas del juego son simples en el caso de Bring Me The Horizon; no podemos juzgar usando parámetros que ya no son reales en la banda, sino en la medida de las capacidades actuales, es decir, considerar el retroceso que vivieron, del crudo Deathcore al llano Metalcore con voces desgarradas, realizar el análisis sincrónico a la última etapa de la agrupación. A muchos la expresión vocal les pareció un desempeño único y notable. Sin la venda –o tapones- que el fanatismo suele otorgar, podemos señalar que no fue tan así, más bien pecó de insípida. El problema no esta en que Sykes se halla farreado la voz gutural, la falla subyace en que su voz desgarrada se triza cada vez que la composición requiere de un esfuerzo mayor, esto da como resultado que las canciones no rompan la potencia inicial de la placa. Si, es una condición purista, pero si existen ejemplos de bandas que en vivo desbordan calidad que sobrepasa a la grabación, ¿Por qué no exigir un poco de aquello?
Fuck, la siguiente canción en el setlist es un ejemplo de lo ya comentado. Dentro del disco, es probablemente una de las mejores canciones tomando en cuenta la potencia y la variación melódica que ofrece. Al reproducirla en vivo, la falta de energía la hubiese hecho retroceder a un segundo plano de no ser por la voz de Jona Weinhoffen quien cubre las imperfecciones con un muy buen gutural que rellena y perfila disimuladamente los vacíos que deja el “entusiasmo” de Sykes al micrófono.
Llegó la interpretación de Sleep With One Eye Open y Football Season Is Over, con ellas las agujas del sismógrafo comenzaron a zumbar como debe ser, el noble moshing se había instaurado en la parte trasera de ruedo, demostrando con eso que la banda iba encendiendo sus cartuchos de manera efectiva y que el público se olvidaba por un minuto de cargar las invasivas cámaras. Los puntos altos de la noche fueron The Sadness Will Never End y Suicide Season, únicas en donde la banda logro brillar y desligarse de los propios parámetros de esfuerzo que se habían impuesto durante la noche. En el caso de la segunda, se pudo observar una buena conjunción entre la banda y Oliver Sykes, quien por primera vez se desliga de las aprehensiones vocales y canta con rabia e ímpetu reales, dando resultados positivos.
La estrategia a seguir, ya entrando en la recta final del concierto, fue atacar y terminar de asegurar al público con los siempre bien evaluados singles. Vino con esto, la triada de singles de “There is a heaven...” Blessed With a Curse, Anthem e It Never Ends, con un par de problemas casi imperceptibles de afinación de la guitarra en el caso de esta ultima. Chelsea Smile y No Need for Introductions, I've Read About Girls Like You on the Backs of Toilet Doors se encargaron de cerrar la performance de la banda en nuestro país, dejando al público pidiendo por más y con un deseo bien claro; Pray For Plagues.
Una de las canciones que definía la esencia inicial del olvidado Deathcore de Bring Me The Horizon es desplegada en el recinto de San Diego. Era entonces, la oportunidad perfecta para aplicar la evaluación que inicialmente nos planteamos. Potente, haciendo énfasis en los golpes de batería Pray for Plagues da sus primeros pasos invicta, hasta que llega el turno en donde la voz debe irrumpir. Lamentablemente, sin poder ofrecer algo mas que el desgaste vocal, Sykes hace su mejor empeño en hacer calzar su nuevo estilo de canto en un espacio ya determinado por una “expresión estomacal”. Esto le da un aire distinto, casi simplón a lo que en esencia debía ser violencia gutural que se equilibra entre los estridentes gritos agudos y la base que debiese otorgar la resonancia del gutural grave. Obviamente, los oídos del público están ocupados dando rienda suelta a la euforia del último mosh y regalando los últimos flashazos a aquella famélica fantasía sexual femenina de pantalones ajustados.
En el eterno circuito musical, específicamente en el metal, existen muchas otras bandas, que sin tener una base de fans asociados a un sonido, una paleta de colores, ni una etiqueta bordada, logran desarrollar un sonido mucho más complejo y real, tanto en estudio como en vivo. Por lo mismo las riesgosas palabras del líder de Judas Priest parecen más un favor que un halago hacia lo que Bring Me The Horizon esta realizando. Lo que no se puede negar es la cuota de entretención que esta presentación dejo en los asistentes. Lo cual no está mal, siempre y cuando la música sea lo primordial y no una fotografía que presumir en Facebook. El tiempo lo soluciona todo, dicen. Es esto lo que necesita tanto la banda como sus seguidores, tiempo para madurar. Después de aquel salto, y solo después de eso, puede que Rob Halford recupere la credibilidad que perdió, miserablemente.
Edgard Lara T.
Fotos de Rockaxis y Hell City Studios.

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