”Hace mucho tiempo, el universo no era nada más que frío y oscuridad. Entonces, la luz fracturó las sombras dando nacimiento a muchos mundos, cada uno mas magnifico que el otro. Se formó una colonia compuesta de setenta y ocho planetas, alineados en un triangulo, ligados juntos por un rayo de luz conocido como “The Keywork”. Junto con su creación vino su división. Se designaron doce sectores y fueron asignados con poder equivalente. La colonia fue considerada como La Cerca del Cielo, The Heaven's Fence”
Claudio Sánchez es un tipo calmado y bueno para sonreír. Al momento en que uno de los fans que salió a su encuentro le entrega una bandera chilena en donde “The Keywork” destaca mejor que una simplona estrella solitaria, se muestra sinceramente agradecido y nos pregunta si acaso no tendrá problemas en el aeropuerto por portar un objeto que atenta a los símbolos patrios. Nuevamente suelta una tímida sonrisa. Cuesta creer que detrás de tanta humildad pueda yacer el cerebro culpable de dos líneas artísticas de gran y potente desarrollo; la saga de comics “The Amory Wars” y la banda que durante la noche nos obligará a corear sus himnos; Coheed and Cambria.
Con un rock progresivo curioso e inquieto en las entrañas, Coheed and Cambria se postula a la extensa lista de las bandas de bajo perfil que, quienes se autodenominan amantes de la música, deberían conocer. Es por eso que la visita a nuestro país pasó desapercibida entre tanto anuncio de shows masivos, quienes estuvieron aquel día en la presentación sabían a que iban, tenían en plena conciencia la mezcla de diferentes estilos que por separado se han dado varias vueltas en nuestros oídos, pero ahora aunados e hilvanados por una particular voz guía, nos abría la curiosidad de ser testigos cómo funcionaría esta mixtura especial en vivo.
Al Teatro Oriente llegaron cerca de 700 fans. Con más de alguno debí compartir la mirada de extrañeza al notar las butacas impecables aun clavadas en su lugar. La cabina se ocupa lentamente, llenando los asientos de forma gradual, los pasajeros del vuelo fingen calma hasta el momento en que el instructivo fue declamado a través de intercomunicador: “Se ruega seguir las instrucciones para su seguridad. En caso de emergencia debe usar las salidas ubicadas en la parte de atrás y los costados, señaladas con una franja de material reflectante. No puede fumar en los lugares que no están designados para aquella labor. En caso de perder presión de aire, mascarillas de oxigeno caerán para suplirlo del elemento. Ahora ajuste sus cinturones y disfrute del viaje, Coheed and Cambria está a punto de despegar”.
La turbina escupe fuego al arrancar con No World For Tomorrow, la gente abandona los asientos, señuelos de civilidad, ciertamente no es el mejor momento para seguir instrucciones y el rock no se funda en los buenos modales. La buena acústica permite apreciar desde el comienzo los diversos matices positivos de la banda, la musicalización se ajusta correctamente a lo esperado. El público demuestra su aprobación reforzando los vítores del coro de la canción, iniciando esta intensa reunión. Gravemakers And Gunslingers y Ten Speed (Of God's Blood And Burial) acompañan la continuación del despegue no solo simbólico, sino también físico representado en un fan entusiasmado que viajaba en andas hacia el encuentro de un mejor lugar.
Una de las pocas vetas erróneas de la noche afloró en A Favor House Atlantic, el single pop por excelencia. Como mencioné con anterioridad, la amplificación era muy limpia y permitía escuchar los instrumentos cada cual muy definido en su canal, eso jugó en contra de Wes Styles quien pagó el noviciado en la agrupación (recordemos que el bajista original Michael Todd intentó asaltar una farmacia con una supuesta bomba, lo que lo dejó automáticamente fuera de la banda), olvidándose durante un par de eternos segundos de las notas a seguir en su bajo. Técnicamente hablando y dribleando la amnesia temporal de Styles, la agrupación se perfilaba muy bien sobre el escenario.

Aprehensión personal respecto a este concierto era notar cuanto pudo incidir el estudio al momento de capturar la voz de Sánchez. The Crowing dió el tiempo de sentar al vocalista y enjuiciarlo bajo un reflector inquisidor. Efectivamente Claudio logra los rangos vocales registrados en los álbumes, la madurez de su música le ha sentado bien, dejo de lado de forma definitiva el toque juvenil recreado en los primeros discos de Coheed and Cambria, además de eso corrigió (casi por completo) la mala costumbre de alejarse del micrófono al final de las frases. Un detalle que no fue ignorado fue la multi-mencionada frialdad de Sánchez, quien en ningún momento se dirigió hacia los presentes. Sea cual sea el motivo de la actitud, la ejecución y energía desplegada se encargó de hablar en su nombre. Después de todo que prefieres, ¿un MC zalamero o un punteo de guitarra efectuado correctamente con los dientes? Ciertamente la performance de aquella noche responde a la pregunta; después de todo, uno esta allí por la música, no para hacer lobby con los miembros de la banda o para invitar a Claudio Sánchez al bautizo de tu hijo.
Pearl of the Stars es la primera canción de “The Year of the Black Rainbow” en ser tocada. La balada funciona como interludio entre lo que será un nuevo ascenso hacia Here We Are Juggernaut y el infame asalto a Josephine Kilgannon en Devil In Jersey City, aplaudida y esperada por la audiencia con particular entusiasmo. Los pocos entes inmóviles finalmente sucumben ante el siempre efectivo poder de un movido single. Llegaron The Camper Velourium III: Al the Killer y Everything Evil, la última se encargó de encender en llamas a los escépticos presentes en la sala. En un agradable giro, el tema perteneciente a “The Second Stage Turbine Blade” mutó en The Trooper de Iron Maiden, en donde, entre la colorida dinámica de los segmentos de voz melódica alternados con los gritos guturales de Travis Stever, se logra validar completamente la calidad de Chris Pennie en batería; el ex Dillinger Escape Plan demuestra sus dotes y soltura frente al instrumento, siendo una columna esencial en el toda la presentación.
Cuando In Keeping Secrets of Silent Earth: 3 entregó sus primeros acordes habían dos cosas más que claras: la épica de los siguientes 8 minutos y en segunda medida, que el concierto estaba acabando. “In Keeping Secrets…” resume parte de todo el trabajo de la banda, tanto en el apartado sónico como poético. Usando la nombrada amalgama musical afloran fragmentos vocales dulces y las guitarras armónicas, estos son abordados por el tapiz del coro, que fue secundado de forma avasalladora por el público. El interludio final fue una prueba para los presentes, a muchas voces acompañaron la vocalización previa a la recta final del concierto, gritaron las ganas y la espera desde lo mas hondo del pecho. Al finalizar el mutismo del líder se rompe, regala un simple “Muchas Gracias” y desaparece de escena.

Claudio Sánchez es un tipo calmado y bueno para sonreír. Al momento en que uno de los fans que salió a su encuentro le entrega una bandera chilena en donde “The Keywork” destaca mejor que una simplona estrella solitaria, se muestra sinceramente agradecido y nos pregunta si acaso no tendrá problemas en el aeropuerto por portar un objeto que atenta a los símbolos patrios. Nuevamente suelta una tímida sonrisa. Cuesta creer que detrás de tanta humildad pueda yacer el cerebro culpable de dos líneas artísticas de gran y potente desarrollo; la saga de comics “The Amory Wars” y la banda que durante la noche nos obligará a corear sus himnos; Coheed and Cambria.Con un rock progresivo curioso e inquieto en las entrañas, Coheed and Cambria se postula a la extensa lista de las bandas de bajo perfil que, quienes se autodenominan amantes de la música, deberían conocer. Es por eso que la visita a nuestro país pasó desapercibida entre tanto anuncio de shows masivos, quienes estuvieron aquel día en la presentación sabían a que iban, tenían en plena conciencia la mezcla de diferentes estilos que por separado se han dado varias vueltas en nuestros oídos, pero ahora aunados e hilvanados por una particular voz guía, nos abría la curiosidad de ser testigos cómo funcionaría esta mixtura especial en vivo.
Al Teatro Oriente llegaron cerca de 700 fans. Con más de alguno debí compartir la mirada de extrañeza al notar las butacas impecables aun clavadas en su lugar. La cabina se ocupa lentamente, llenando los asientos de forma gradual, los pasajeros del vuelo fingen calma hasta el momento en que el instructivo fue declamado a través de intercomunicador: “Se ruega seguir las instrucciones para su seguridad. En caso de emergencia debe usar las salidas ubicadas en la parte de atrás y los costados, señaladas con una franja de material reflectante. No puede fumar en los lugares que no están designados para aquella labor. En caso de perder presión de aire, mascarillas de oxigeno caerán para suplirlo del elemento. Ahora ajuste sus cinturones y disfrute del viaje, Coheed and Cambria está a punto de despegar”.
La turbina escupe fuego al arrancar con No World For Tomorrow, la gente abandona los asientos, señuelos de civilidad, ciertamente no es el mejor momento para seguir instrucciones y el rock no se funda en los buenos modales. La buena acústica permite apreciar desde el comienzo los diversos matices positivos de la banda, la musicalización se ajusta correctamente a lo esperado. El público demuestra su aprobación reforzando los vítores del coro de la canción, iniciando esta intensa reunión. Gravemakers And Gunslingers y Ten Speed (Of God's Blood And Burial) acompañan la continuación del despegue no solo simbólico, sino también físico representado en un fan entusiasmado que viajaba en andas hacia el encuentro de un mejor lugar.
Una de las pocas vetas erróneas de la noche afloró en A Favor House Atlantic, el single pop por excelencia. Como mencioné con anterioridad, la amplificación era muy limpia y permitía escuchar los instrumentos cada cual muy definido en su canal, eso jugó en contra de Wes Styles quien pagó el noviciado en la agrupación (recordemos que el bajista original Michael Todd intentó asaltar una farmacia con una supuesta bomba, lo que lo dejó automáticamente fuera de la banda), olvidándose durante un par de eternos segundos de las notas a seguir en su bajo. Técnicamente hablando y dribleando la amnesia temporal de Styles, la agrupación se perfilaba muy bien sobre el escenario.

Aprehensión personal respecto a este concierto era notar cuanto pudo incidir el estudio al momento de capturar la voz de Sánchez. The Crowing dió el tiempo de sentar al vocalista y enjuiciarlo bajo un reflector inquisidor. Efectivamente Claudio logra los rangos vocales registrados en los álbumes, la madurez de su música le ha sentado bien, dejo de lado de forma definitiva el toque juvenil recreado en los primeros discos de Coheed and Cambria, además de eso corrigió (casi por completo) la mala costumbre de alejarse del micrófono al final de las frases. Un detalle que no fue ignorado fue la multi-mencionada frialdad de Sánchez, quien en ningún momento se dirigió hacia los presentes. Sea cual sea el motivo de la actitud, la ejecución y energía desplegada se encargó de hablar en su nombre. Después de todo que prefieres, ¿un MC zalamero o un punteo de guitarra efectuado correctamente con los dientes? Ciertamente la performance de aquella noche responde a la pregunta; después de todo, uno esta allí por la música, no para hacer lobby con los miembros de la banda o para invitar a Claudio Sánchez al bautizo de tu hijo.
Pearl of the Stars es la primera canción de “The Year of the Black Rainbow” en ser tocada. La balada funciona como interludio entre lo que será un nuevo ascenso hacia Here We Are Juggernaut y el infame asalto a Josephine Kilgannon en Devil In Jersey City, aplaudida y esperada por la audiencia con particular entusiasmo. Los pocos entes inmóviles finalmente sucumben ante el siempre efectivo poder de un movido single. Llegaron The Camper Velourium III: Al the Killer y Everything Evil, la última se encargó de encender en llamas a los escépticos presentes en la sala. En un agradable giro, el tema perteneciente a “The Second Stage Turbine Blade” mutó en The Trooper de Iron Maiden, en donde, entre la colorida dinámica de los segmentos de voz melódica alternados con los gritos guturales de Travis Stever, se logra validar completamente la calidad de Chris Pennie en batería; el ex Dillinger Escape Plan demuestra sus dotes y soltura frente al instrumento, siendo una columna esencial en el toda la presentación.
Cuando In Keeping Secrets of Silent Earth: 3 entregó sus primeros acordes habían dos cosas más que claras: la épica de los siguientes 8 minutos y en segunda medida, que el concierto estaba acabando. “In Keeping Secrets…” resume parte de todo el trabajo de la banda, tanto en el apartado sónico como poético. Usando la nombrada amalgama musical afloran fragmentos vocales dulces y las guitarras armónicas, estos son abordados por el tapiz del coro, que fue secundado de forma avasalladora por el público. El interludio final fue una prueba para los presentes, a muchas voces acompañaron la vocalización previa a la recta final del concierto, gritaron las ganas y la espera desde lo mas hondo del pecho. Al finalizar el mutismo del líder se rompe, regala un simple “Muchas Gracias” y desaparece de escena.

El Encore no se hizo esperar, para agradable sorpresa de quienes estuvimos presentes durante la mañana, la banda vuelve con la bandera y con ganas de obsequiar una última ronda que disfrutar. La rockandrollera World of Lines abre la señal de un descenso que no será simple y tranquilo, las turbulencias vienen acompañadas de convulsiones y headbanging en tierra y sobre el escenario. Producto lineal es la falla imaginaria, los sistemas comienzan a funcionar defectuosamente en la maldita maquina, y al parecer el capitán no parece responder. El parasito del delirio, Delirium Trigger, se arrastra por el lugar, ofreciendo una nueva descarga de guturales e intensidad. El auditorio responde positivamente reforzando la composición en voz y en percusión, reflejada en los golpes sobre el escenario. No puedo evitar estrechar mi mano al copiloto a mi derecha, quien gritó hasta hacer ceder su garganta, no puede responder a mi felicitación, parte por el dolor y por la emoción que se posa en sus ojos. El viaje se acaba, atrás quedo la sensación de libertad y las incertidumbres de la travesía, solo nos queda, como comanda la costumbre, recibir la “bienvenida a casa”. Welcome Home comienza entre gritos de demanda. El himno proclamado por los fans fue apoyado, puede que no con el ímpetu observado antes, pero si con el respeto y solemnidad que se merece. Luego de los generosos manejos de guitarra y la comunión vocal de los últimos minutos el concierto acaba en aplausos de agradecimiento y el esbozo de una nueva sonrisa del melenudo.
Coheed and Cambria demostró, en casi hora y media de show una muy correcta, y efectiva, presentación fundada totalmente en la ejecución e intensidad. Probablemente muchos esperaban una interacción mayor, como lo observado en “Neverender”, pero los sueños o deseos no siempre se cumplen. El hecho de haber compartido el show bajo el amparo de la sencillez que demuestra ejecutar ante un número relativamente bajo de público al que acostumbran se agradece, y afirma el poder de esta banda sub-valorada, capaz de tocar ante un público casi infinito en Rock in Rio de la misma manera que lo hicieran en Chile frente a los escasos Children of The Fence presentes esa noche de ciencia ficción.
Ver mas imagenes de Coheed and Cambria en Chile 22/09/2011.
Edgard Lara T.
Publicado en: HxCLife
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