31/5/2014

Fotos: A Day To Remember y Of Mice & Men en Chile


Galería de imágenes del concierto de A Day To Remember y Of Mice & Men en Chile.
Santiago, Teatro Caupolicán 27/05/2014

25/5/2014

Fotos: Fall Out Boy en Chile



Galería de imágenes del concierto de Fall Out Boy en Chile.
Santiago, Court Central del Estadio Nacional 24/05/2014

21/5/2014

Fotos: Amon Amarth en Chile



Galería de imágenes del concierto de Amon Amarth en Chile.
Santiago, Discoteque Blondie 21/05/2014

2/5/2014

Fotos: Close Your Eyes en Chile



Galería de imágenes del concierto de Close Your Eyes en Chile.
Santiago, Domo San Diego 29/04/2014

8/4/2014

Moxa Uma y el fin del Carnaval




Brandon está molesto pero su edad aun no permite que aquello sea tomado en serio. Reacomoda nervioso el traje de Caporal que su abuela le puso mientras aún estaba dormido, intentando calzar el diseño del bordado del pantalón con el de la faja que cubre su cintura. Después de 10 meses de ensayo ya está listo para la primera presentación junto a su grupo, Moxa Uma. Una vez al año y durante tres días consecutivos, Arica se sumerge en los festejos del Carnaval Andino Inti Ch’amapi (“Con la Fuerza del Sol”). Mitad exhibición, mitad concurso, el evento cita a numerosas agrupaciones de baile que exponen su arte en largas jornadas. Brandon aprieta en su mano el desgastado papel del horario de aparición, su comparsa será la encargada de cerrar el espectáculo, comenzando -según el esquema- a las 2:33 de la madrugada. Son las 2 y aún sigue en el comedor de su casa.

A pesar de la hora, el Parque Brasil está vivo, en él descansan los participantes que esperan su turno. En cifras de la Municipalidad, el kilómetro y medio del itinerario que atraviesa el centro de la ciudad es recorrido al menos por 6 mil bailarines, los que se hacen acompañar por 3 mil músicos aproximadamente. Mientras Brandon se pone al tanto de las modificaciones en la agenda -lo que finalmente retrasaría por horas su salida-, el parque se presenta como una buena opción para matar la espera. Elías, uno de nuestros acompañantes, intenta conseguir marihuana de manera infructuosa, su tenacidad hace que involuntariamente nos mezclemos con las comitivas restantes: Un par de platilleros repasa su rutina mientras descansan en el pasto, una agrupación de afrodescendientes pre-calienta de cara a su pronto paseo, bailarines de Tobas revisan que las plumas de sus trajes estén en perfecta condición; todo se perfila de cara al último asalto de la avenida Máximo Lira.


Este encuentro de tradiciones nace el año 2005, mezcla de dos desfiles independientes organizados por la Confraternidad de Bailes Andinos de Arica “Inti Ch’amampi” y la Federación de las Artes Indígenas Kimsa Suyu respectivamente. Dichos pasacalles fueron potenciados por la Municipalidad, quienes visualizando el atractivo turístico “ayudaron” a convertirlo en lo que es en la actualidad. La decisión no quedó exenta de polémicas. Remontándose a los noventa, existía una proto - versión del evento llamada “La Ginga”. Allí se replicaba la fórmula brasileña, en dónde además de las presentaciones originarias, intervenían carros alegóricos, pseudo escuelas de Samba y disfraces de diversa índole, lo que generaba una mayor inclusión de las poblaciones y juntas de vecinos.  Estas diferencias han creado bandos que intentan reivindicar la participación ciudadana, mientras que otros, colgándose del punto de inflexión, sacan a relucir la xenofobia, señalando erróneamente que las tradiciones expuestas pertenecen sólo a Bolivia y no a la zona en general.

El sueño y el desgaste de dos días previos de presentación le doblan la mano a nuestro bailarín preadolescente, decide descansar en el vehículo que nos llevó al lugar. Nos encomiendan la misión de despertarlo cuando Moxa Uma tenga luz verde: un par de horas que pueden pasar volando en circunstancias como la presentada.



Carritos sangucheros, parrillas con choripanes humeantes, y La Picá del Chino que tienta a lo lejos, el comercio de Arica se transforma durante las tres jornadas. Lo que en día normal permanece silente y deshabitado, se torna un sistema complejo ideado para satisfacer al consumidor noctámbulo. Lo mismo pasa con los locales establecidos, habitualmente se escuchan las quejas por sus horarios laxos, en cambio durante la época festiva estos funcionan a la perfección. Paradójicamente Elías no encuentra quien le venda hierba. Se pierde nuevamente entre la gente intentando agotar sus últimas posibilidades, lo esperamos junto a un carrito de completos por más de una hora. Vuelve con las manos vacías. Los bacallos están muy caros, dice. Economía de Carnaval al parecer.

Caminamos de vuelta, los bronces de una banda alertan a lo lejos. Apurando la caminata descubrimos que a 5 minutos de las 5 de la madrugada, Pendek’s Band, el conjunto de 70 músicos orureños que guiaría los pasos de Moxa Uma, ya decretó la partida. Divisamos a Brandon bailando algo confundido, aun así intenta coordinar los saltos y giros de la dinámica que recién comienza. El compás del bombo se refuerza con las pisadas y el cascabeleo de las botas. Los gritos de ánimo espabilan la borrachera de los transeúntes. Tácitamente nos ponemos de acuerdo e improvisamos una procesión, siguiendo los pasos del grupo que inicia su cruzada personal por mantener viva la tradición.


El Caporal tiene poco tiempo de vida si lo comparamos con otras danzas folklóricas. La disciplina fue presentada en Bolivia hace tan sólo 45 años por los hermanos Estrada Pacheco, ellos extrajeron el personaje principal de la Saya -danza afro boliviana- y generaron una nueva disciplina con códigos y movimientos específicos. El “caporal” representa al capataz que tenían los esclavos negros durante la Colonia. Con el transcurso del tiempo, esta figura se fue occidentalizando, adquiriendo una connotación más elegante y aburguesada. Ejemplo claro de esto es la evolución de la acompañante femenina del Caporal, quien en sus comienzos representaba de manera simple a la chola afro, pero que en las circunstancias actuales maximizó su gracia con polleras cortas y otros elementos del vestuario que explotan la coquetería. Si bien la opulencia demarca las directrices del baile, esto no se suscribe a la realidad de las agrupaciones, en donde muchas veces el dilema monetario los mete en aprietos.

Inti Ch’amampi, además de ser un imán para turistas, es una competición. Mientras que la página de Radio Bio Bio tasa los premios que la Municipalidad entrega en 130 millones de pesos, la suma real no sobrepasa los 60 millones. Este fondo es dividido en 8 categorías, en las que se galardona a los tres primeros lugares; por lo tanto ningún premio entregado sobrepasa los 4 millones. En términos prácticos esto no significa mucho, un bailarín promedio de Moxa Uma debe costear, sólo para instancias del carnaval, 120 mil pesos en la compra del traje y 60 mil pesos para arrendar los servicios de la banda que musicalizará la presentación. Considerando la cantidad de integrantes (90 en la presentación de este año), la agrupación debe desembolsar al menos 16 millones 200 mil pesos. A eso se le debe adicionar que los trajes se deben renovar cada año y en algunos casos, como sucede con el bello uniforme verde con detalles en tela reflectante que se luce por las calles de Arica en estos instantes, deben ser adquiridos forzosamente fuera del país. No es algo rentable, pero el espíritu y el amor por la disciplina están por sobre cualquier otra cosa.

La noche se va quedando corta al paso de la comparsa,  tras ellos la ciudad se va deshaciendo en silencio. Las pausas para descansar cada vez son más reiteradas porque ya no existe la presión de tener a un grupo pisando los talones. Brandon pide agua, mientras lo asistimos y lo alentamos a continuar, un grupo de compañeros de baile discute. Al parecer alguien había errado los pasos con demasiada frecuencia. Los ánimos se caldean, la presión y el desgaste pueden jugar en contra, tras un par de empujones y una sonora cachetada el grupo completo decide intervenir. No existe tiempo, ni espacio para diferir opiniones, hay que reanudar el paso.


Tras rebasar la catedral San Marcos y completar el descenso por la avenida del mismo nombre, Moxa Uma enfila en la recta final adornada por dos estandartes del sándwich en promoción de McDonalds. Siete de la mañana, el sol comienza a dar señales de presencia, los gritos de guerra y el confeti explotan bajo El Morro. El agotamiento y el sacrificio pasan a segundo plano, el trabajo de un año se resolverá en 10 minutos de presentación frente al jurado que aún se mantiene en su palco preferencial. Dando lo mejor de su parte, y en un ejercicio de precisión, la cofradía logra romper con sus propios límites, finalizando su presentación de forma impecable. Cansados pero sonrientes, deciden continuar la fiesta inclusive tras haber sido evaluados, sin la necesidad de saber los resultados finales. La Pendek’s Band se suma a la fiesta; “toda la gente va preguntando quienes somos, somos la mejor banda de Oruro”.

Pacos con buzos color verde musgo flanquean las calles, desalojando a los presentes. Un nuevo día comienza y el orden es necesario. Brandon nos abraza con su traje empapado, nos pide abandonar la explanada para reposar el cansancio evidente, le hacemos caso, no necesitaba conocer los resultados del concurso, la experiencia ya significaba una victoria no sólo para él, sino para la mayoría. La prensa no se hizo esperar, la primicia ya había sido disputada, finalmente se anunció quien, según su categoría de baile, tendría el mencionado estímulo monetario. El primer lugar de los Caporales recibió $3.756.897, el segundo $3.356.897, mientras que el tercero se llevó $3.006.897.

Moxa Uma quedó en cuarto lugar.



Edgard Lara T.